Muchas de las cosas que digo, muchas de las cosas que pienso y que escribo son hijas de los años que estuve encerrado en una pieza, viviendo la experiencia de la soledad, entre libros, canciones, la radio y el ruido del silencio de las noches de la ciudad.
Mi ansiedad es artística, filosófica y musical. Mis inquietudes bordean esos caminos. Me gusta dialogar con discos y canciones, con libros, con el cine y el video. Me gusta la tecnología incluso para acercarme por esos lugares.
Leí algo de Foucault, el capítulo 18 de Ética, estética y hermenéutica, editorial Paidós, que habla sobre la escritura de sí, de la importancia de escribir tanto como la de leer, escribir sobre uno y sobre lo que a uno le interesa para releer lo que se escribe en posteriores ocasiones y tomarlo como una hoja de ruta.