Escriber.
La importancia de escribir tanto como la de leer, escribir sobre uno y sobre lo que a uno le interesa para releer lo que se escribe y tomarlo como una hoja de ruta. Escribir sin representar ni copiar, más bien robar para inventar. Hay una potencia creadora que permanece en un texto después del acto de escribir, aquello que la escritura deposita como posibilidad de pensamiento, transformación e invención. Escribir para producir nuevas relaciones con el mundo. Se roba para inventar, se desvía para descubrir, se compone para pensar. Escribir sobre uno mismo, sobre las propias ideas, lecturas, inquietudes y experiencias no tiene como finalidad registrar el pasado, sino construir un mapa del pensamiento, huella viva que, al ser retomada, permite orientarse, reconocer transformaciones y abrir nuevos caminos. El acto de leer es el acontecimiento que se produce cuando un texto vuelve a ponerse en movimiento. Múltiples lecturas posibles en cada relectura y el texto tampoco vuelve a ocupar el mismo lugar en la experiencia. Leer no consiste en recuperar un sentido original, sino en producir nuevos sentidos.