Escritura de sí.

Día lluvioso por la mañana, dormí hasta media mañana, aire frío de entrada al otoño. Viajé a Totoras bajo el agua prudentemente. Luego a la llegada almorzamos en familia por el día de Pascuas, bullicio familiar, charlas distraídas, comentarios al pasar hasta que la reunión se dispersó. 
De regreso a Totoras a dejar a la tía Clelia en la residencia para mayores, y antes de retomar el camino a casa fuimos a tomar un café a la estación. Leí el diario y al terminar ya regresamos bajo la tarde que se cerraba sobre la ruta nacional 34. 
Leí algo de Foucault, el capítulo 18 de Ética, estética y hermenéutica, editorial Paidós, que habla sobre la escritura de sí, de la importancia de escribir tanto como la de leer, escribir sobre uno y sobre lo que a uno le interesa para releer lo que se escribe en posteriores ocasiones y tomarlo como una hoja de ruta.
Al rato pasó Bruno a charlar después de algunos meses que no lo veía. Charlamos una hora y se fue. 
Más tarde cenamos por separado, primero yo, luego Berni en el comedor y la isa en el dormitorio mirando videos en you tube con el celular tirada en la cama.
Miramos con Berni unos programas de Discovery Sciencie sobre los archivos inexplicables, que en realidad con el avance tecnológico los descubrimientos arqueológicos o construcciones antiguas van develando algunos misterios y se van descifrando. Vimos sobre los moamis de las islas de Pascuas, explicaban que estaban las estatuas en lugares donde cultivaban los habitantes, o encontraban agua dulce u otra provisión necesaria para subsistir, una manera de adorar y además saber dónde prosperaba lo que necesitaban; otro sobre un mono herbívoro de Asia, China, que medía 4 metros de altura, una bestia, de la familia del orangután; luego uno de un reloj astronómico griego encontrado en el mar Egeo en un naufragio y otro que recuerdo de la reina roja en una ruina Azteca.
Al rato me bañé, leí un cuento de Saer en la cama y ahora me voy escribiendo a dormir.

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