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El alma.

El alma no es algo abstracto dentro del cuerpo, es el ritmo de sus percepciones y afectos, la potencia de sus conexiones, la manera que es atravesado por el acontecer.

El tiempo.

El pasado es el instante del presente que se archiva. El futuro es el instante del presente que explota. El presente es la actualidad entre sus virtualidades. No vivimos solo en el presente vivimos rodeados de recuerdos, deseos, posibilidades, sueños, el tiempo no es una línea recta es un laberinto de cristales.

Diagrama.

Preguntarse por lo ontológico es algo maravilloso, eso nos permite crear nuestro diagrama, encontrar nuestro color, solo hay que insistir, mirar retratos para ir creando el nuestro, nuestras actividades y pensamientos nos proyectan y se proyectan de alguna u otra manera.

Desplegarse.

Buscar para encontrar nuevas maneras de pensar y de vivir y de sentir. Deslizarse en diferentes modos de ser, multiplicarse a través de las grietas de la identidad y producir posibilidades sin quedar capturado en ellas, no quedar plegados, sino desplegados en el devenir.

Acontece.

La vida acontece y así debemos irremediablemente atravesarla, sin patalear y sin perder la alegría. Solo atravesándola y experimentándola sabremos si nos potencia o no en cada acontecer.

Agujerear.

Que los pensamientos e ideas y las acciones y los actos, las conversaciones, los diálogos sean una manera de escapar del verbo absolutizar , y nos permitan ir más al fondo de los aconteceres y nos dejen mirar desde diferentes lugares y ángulos, y así no solo quedarnos con la idea fija, inmóvil, representativa, idéntica, que reposa sobre cliches que anulan la experiencia de relativizar, pero no en el sentido de no darle importancia a determinada cuestión, sino que relativizar es fraccionar, contextualizar, agujerear lo que sucede o lo que se piensa, des-absolutizar para escapar hacia otras posibilidades, hacia algo diferente, distinto, nuevo, novedoso. Impedir que la parte se haga pasar por el todo.

Elementos.

Muchas de las cosas que digo, muchas de las cosas que pienso y que escribo son hijas de los años que estuve encerrado en una pieza, viviendo la experiencia de la soledad, entre libros, canciones, la radio y el ruido del silencio de las noches de la ciudad.

Mágico.

Estaba recordando que tratar de hacer una canción o un poema o simplemente escribir o canturrear, incluso pensar ideas y hacer movimientos mentales relacionando textos que estoy leyendo, actividades estas que llevo a cabo cuando estoy solo, es decir en soledad, me conectan profundamente con el alma, con el espíritu, con el éter, con lo divino, con aquello que está pero no se ve, ni se puede explicar, esos lugares podríamos decir artísticos, filosóficos, poéticos y musicales son, pareciera, mágicos, ilusiones de eternidad ontológica.

Piedra filosofal.

Mi ansiedad es artística, filosófica y musical. Mis inquietudes bordean esos caminos. Me gusta dialogar con discos y canciones, con libros, con el cine y el video. Me gusta la tecnología incluso para acercarme por esos lugares.

Escriber.

La importancia de escribir tanto como la de leer, escribir sobre uno y sobre lo que a uno le interesa para releer lo que se escribe y tomarlo como una hoja de ruta. Escribir sin representar ni copiar, más bien robar para inventar. Hay una potencia creadora que permanece en un texto después del acto de escribir, aquello que la escritura deposita como posibilidad de pensamiento, transformación e invención. Escribir para producir nuevas relaciones con el mundo. Se roba para inventar, se desvía para descubrir, se compone para pensar. Escribir sobre uno mismo, sobre las propias ideas, lecturas, inquietudes y experiencias no tiene como finalidad registrar el pasado, sino construir un mapa del pensamiento, huella viva que, al ser retomada, permite orientarse, reconocer transformaciones y abrir nuevos caminos. El acto de leer es el acontecimiento que se produce cuando un texto vuelve a ponerse en movimiento. Múltiples lecturas posibles en cada relectura y el texto tampoco vuelve a ocupar e...